El Fluminense volvió a dejar a su afición contando ocasiones en lugar de goles. El empate 0-0 ante Independiente Rivadavia, en la ida de los octavos de final de la Copa Libertadores, encendió todavía más la presión sobre Luis Zubeldía: el equipo carioca sigue sin ganar desde la reanudación de la temporada y el margen de paciencia en el Maracanã empieza a parecerse a una servilleta de taquería.
Un cero que pesa demasiado
El marcador no cuenta toda la historia, pero sí retrata el problema principal. Fluminense tuvo tramos de dominio, aunque volvió a mostrar un ataque apagado y una pegada muy pobre. Independiente Rivadavia encontró espacios y generó oportunidades claras en el primer tiempo; Fábio y el poste evitaron que la noche terminara en un golpe todavía más duro para el conjunto brasileño.
Con el paso de los minutos, el local empujó más y consiguió instalarse cerca del área rival, pero la reacción no alcanzó para romper el candado. El visitante terminó defendiendo con orden y se llevó un resultado que deja la serie completamente abierta. Para el Fluminense, en cambio, el 0-0 se siente como otro aviso amarillo en una temporada que se está llenando de señales incómodas.
Zubeldía, bajo el reflector
El técnico argentino llegó al partido con la obligación de cambiar la cara del equipo, pero el empate prolongó una racha de siete encuentros sin victoria desde el regreso de la competencia. La falta de claridad ofensiva, las dudas en la doble punta y el ambiente tenso de la tribuna colocan a Zubeldía en el centro de la discusión.
La afición también hizo su parte del drama deportivo: Hulk y Rodrigo Castillo se marcharon entre abucheos después de una actuación discreta. No es una sentencia definitiva para nadie, pero sí una fotografía bastante nítida de la temperatura del vestidor y de la grada. Cuando el Maracanã empieza a pedir respuestas, el siguiente entrenamiento ya parece rueda de prensa.
La revancha será una prueba de carácter
El empate obliga a Fluminense a buscar la clasificación fuera de casa, en una serie donde cada detalle puede valer oro. Independiente Rivadavia demostró que sabe sufrir y que no piensa regalar metros; el equipo argentino ya había causado problemas al conjunto brasileño en la fase de grupos y volvió a incomodarlo en un escenario pesado.
La tarea de Zubeldía es doble: recuperar confianza y encontrar una estructura que produzca ocasiones más limpias. No basta con tener la pelota si el rival se va del partido sin sentir que sobrevivió a un bombardeo. En la Libertadores, dominar sin lastimar es como llegar a la carnita asada con puro cilantro: se ve bonito, pero no llena.
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¿Podrá Zubeldía convertir este empate en un punto de partida o el Fluminense llegará a la vuelta con la misma ansiedad? La serie sigue viva, pero la presión ya juega como si llevara el número 12 en la camiseta.
Fuentes: AS y CONMEBOL Libertadores.
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Cofundador y especialista en predicción de mercados deportivos